Los Años Maravillosos
Hoy me desperté
con la idea de hacer el trabajo que dejé de hacer ayer, por ponerme a cocinar;
era feriado y “en feriado no se trabaja”, dice Benchi.
Debe ser la
costumbre de la esclavitud la que me lleva a no parar, sin embargo, después de
cocinar y compartir la mesa, realmente uno patea el tablero, y bien lejos.
Cancelé todos mis
planes, ya que empecé a sentirme abrumado por todo lo que había por hacer y
todas las personas por las que había que pasar. Y sobretodo, porque tenía que
enviar un documento, del cual estaba esperando una aprobación, así que preferí
esperar con paciencia en mi casa, para volver a corregir el papel, enviarlo y
sentirme en paz con mis pendientes.
Era ya cerca de
la media noche y seguía tonteando en la compu.
Normalmente caigo rápido, ya que cada día procuro avanzar lo más que puedo y la
paso muy bien. Entre el despertar relajando y estirando; saliendo a ver el
mundo mientras entreno, un buen desayuno, preparado con mucha calma, un par de
llamadas telefónicas y luego, a la cancha.
Los lonches y los
conversados, son los días que hay tiempo para coincidir con alguien
con quien nos queramos ver.
Nací y crecí en Limón, así que conozco a varias personas en diferentes lugares y rubros; siempre hay alguien con quien compartir un buen momento y sobretodo, reír un poco.
Nací y crecí en Limón, así que conozco a varias personas en diferentes lugares y rubros; siempre hay alguien con quien compartir un buen momento y sobretodo, reír un poco.
Evito aburrirme,
así que cuando no tengo trabajo importante que hacer, hago algún otro trabajo, acompañando
a alguien, como hueveando.
Conversando, se
entiende la gente y sobretodo se aprende algo cada día, de cada persona y de
cada situación. Ya que todos estamos en movimiento, descubriendo cosas nuevas, día a día.
Considero que es
bueno tener una rutina, aunque también es saludable tener esos momentos para
ser creativo con la vida e improvisar un poco en la manera de disfrutar. Haciendo algo
que normalmente no hacemos. O sorprenderte a ti mismo, haciendo que tu día pague más allá de las monedas que todos
debemos ganar, de la manera que mejor nos venga.
Los fines de
semana, me permito no hacer algo, o romper mis propias reglas. Como, por
ejemplo: acostarme pasada la media noche, leyendo, investigando y contrastando
información interesante. A ese deporte, le llamo: salir de bruto.
Hace no mucho, pude
resolver una gran interrogante de mi viejo, para explicar lo inexplicable: ¿por dónde le entra el agua al coco?
Bueno, bueno; el
agua le entra al coco a través de las raíces, luego pasa por el tronco de la palmera
y así, llega al fruto. A esta propiedad de los fluidos se le llama capilaridad. Y es el mismo principio que
aplicamos cuando salimos de viaje y dejamos nuestras plantitas con un pabilo sumergido
en un pocillo con agua.
Hace poco se la
solté a mi viejo, a quien considero como una de las personas mas cultas en esta vida; el tío es roche
para saber todo de todo.
Raras veces se
queda callado, bigotes. Esta vez, hubo un gran silencio y yo, por dentro, pensaba: GOOOOOOOOOL!!!!
Sólo lo miré con
una leve sonrisa y seguimos caminando, ya que andábamos tirando plancha por la calle, buscando algo para desahuevarnos, o satisfacer nuestra
curiosidad, de facto. Yendo a ver lo
que pasaba y no a escuchar lo que nos contaban.
Como él mismo
dice: No creo en brujo ni en curandero.
Siempre es
divertido plantearse pequeños retos que finalmente, en sumatoria, tienen un
gran impacto en uno mismo.
Por mis grandes
deseos de libertad, abrí las alas de muy joven, así que la relación con mis
viejos cambió a calidad sobre cantidad.
Los momentos
siempre fueron mostros, ya que me iban a visitar a donde estuviese instalado.
También hubo
momentos de tensión y discusiones, como todo en la vida. Aunque nunca hubo
tiempo para caras largas. Algunos saludables y sanadores días, siempre tienen la culpa del amiste. Somos
familia y somos lo único que verdaderamente tenemos, o con quien realmente
contamos a ojo cerrado.
Entonces, hoy me
desperté decidido a darle la vuelta al feriado. Después de relajar y estirar,
me puse a pensar: es sábado, más tarde entreno, luego voy a ver a unos patas
para ver las peleítas…tengo que avanzar ahora…
Normalmente,
manejo todo en mi cabeza, ya que me gusta utilizar eso a lo que le llaman materia gris.
Dicen que el tío
Beto usó cierto porcentaje de la capacidad de su cerebro y no llegó ni al 50% e
hizo pendejada y media con el conocimiento.
Así que de niño
yo me pregunté: si él puede, ¿por qué yo no?
Así que siempre
ando en busca de maneras de mejorar el performance de la azotea, con el único afán de superarme a mí mismo.
La mejor manera
de ganar el juego es, diseñando tu propio tablero.
Volviendo a esta
mañana; abrí mi computadora después de desayunar y ordenar mi cuarto. Decidí
dedicarle tiempo a armar un buen playlist
de música. Cosa que hace tiempo no hacía con verdadera dedicación.
Después le meto a
la chamba. Pensé.
Ordenando
archivos en la compu, me crucé con
una carpeta que estaba mal ubicada, y en ella encontré una de las fotos que está
adjunta a este escrito: la del equipo de baseball “Leones”, categoría infantil de
1992.
Fui abordado por ese
feeling del que siempre hablo con mis
amigos, de las épocas en las que no teníamos grandes responsabilidades.
Todo era
felicidad y hueveo al mango. Reírnos,
joder, lacrear, planear cagadas, hacer el recuento de la semana
sentados en la escalera de Paco y ¡listo! A cumplir con el cole, el instituto, la universidad, la chamba, la flaca, la family,
o lo que hubiera que hacer, para volver a juntarnos y lacrear. Que era lo que más disfrutábamos y mejor nos salía.
El baseball fue nuestro barrio y luego la escalera de Paco. Ellos, nosotros, la familia que, más que
elegimos, se formó circunstancialmente y de la mejor manera: a punta de cariño,
curiosidad, veinte centavos de inocencia y mucha concha.
Recuerdo que
siempre me gustaron las caseteras, las
cámaras fotográficas y las filmadoras. Ya que consideraba que con ellas podía
reproducir recuerdos perfectos, en vista de que la memoria falla o modifica lo
sucedido, y cada quien muere con su
verdad.
Notaba que cada
quien contaba una versión diferente, desde su punto de vista y de como lo había
visto yo. Entonces, me di cuenta que, las fotos, los audios y los videos: son la voz.
Las primeras
producciones fueron llamadas Grabaciones Inmortales y consistían en sentarnos
en la sala de mi casa, a conversar con la casetera en REC, en lugar de conversar en la escalera de Paco,
después del entrenamiento de baseball. Así que era, algo más como un talk-show, ya que nos sentíamos muy civilizados,
todos los panelistas, sentados en una sala, mirándonos las caras, en lugar de
estar todos, mirando en la calle a la gente, autos, aves y cualquier otra cosa
pasar, para pensar en ¿qué cagada podíamos
hacer con tales objetos en movimiento frente a nuestro campo visual?
En las
Grabaciones Inmortales participaron Chancho Blanco, El Negro Levy y el Chino Ueda,
principalmente. Quien decía que no era chino, sino ponja.
Una clásica de la
escalera de Paco, en Huamachuco 1993 fue: “El Peaje de Huamachuco”.
Sí, estiramos un cable de luz caído. Sujetándolo, un piraña de cada extremo, y el cobrador, con la mejor de las caras y siempre refinados modales, le explicaba a los conductores que estábamos cobrando un peaje para darle mantenimiento al barrio.
Sí, estiramos un cable de luz caído. Sujetándolo, un piraña de cada extremo, y el cobrador, con la mejor de las caras y siempre refinados modales, le explicaba a los conductores que estábamos cobrando un peaje para darle mantenimiento al barrio.
Luego íbamos a la
tienda de Pablito a reventar el pozo de la tarde, en leche chocolatada,
galletas, y chicles Boobaloo celeste. Los cuales, después de ser masticados, terminaban
conglomerados en una botella de gaseosa retornable, encaletada en un arbusto
del jardín de la escalera. Como al acumular los chicles, debidamente sumergidos
en agua, éstos tomaban el aspecto de un cerebro, decidimos que esa era una colecta para el cerebro de Guillermo. Un
amigo del barrio, cuya inocencia era demasiado sorprendente. Así que, a cada visitante de la escalera, si le provocaba un chicle, lo incitábamos a que compre uno
celeste y a que colabore con una causa justa, a la vez que alguno de nosotros ilustraba la idea, sacando la botella con el cerebro de Guillermo, de su escondite secreto.
El poste de luz que
estaba frente a la escalera era de metal y hueco. Un buen día, se cayó la tapa
ciega del poste y empezamos ahí, de manera muy consciente -para no ensuciar la
vereda- a introducir toda la basura que pasaba por nuestras manos. Me parece
que a los siete años de uso, el poste ya no daba más y hace varios años fue cambiado por un
poste de concreto sólido.
Aparte, ya no hay
creatividad suelta en el barrio.
Esta vez, dejaré
que algunas de las pocas fotos que tenemos; ya que realmente, nunca nos preocupó
mucho dejar un testimonio de los momentos, ya que eran tantos y con tanta
frecuencia, que simplemente, la vida pasaba, de manera galopante.
Aún andamos juntos,
algunos más cerca que otros. Aunque el valor de la amistad y de la familia,
permanece intacto. Ya que no sólo nos hemos salvado la vida varias veces, sino
que nos la hemos jugado aún más. Y hemos salido, literalmente, cagándonos de risa porque si ya pasó, ¡ya
paso!
A nuestros
viejos, no les quedaba más que decir entre ellos, cada vez que se hacía
evidencia de alguna de nuestras grandes hazañas:
“son cosas de muchachos”.
“son cosas de muchachos”.
PS: ¿Chamba? Ah ah, Clinic.
![]() |
| Equipo "Leones", categoría Infantil. Foto tomada en la cancha de tierra de la VIDENA (1992) |














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Con cariño, por favor.