BBB (Big Black Bag)

Desde la avenida donde se encuentra la casa de mis viejos en Lima, se puede ver en lo profundo al cerro San Cristóbal con la cruz enorme coronándolo. Cada vez que salía a la calle y miraba al cerro con la cruz encima, algo dentro de mí me empujaba hacia allá. Hasta que un día me animé...

Era el cumpleaños número seis de mi hermano mayor y toda la atención de la casa e invitados estaba puesta en él. Recuerdo la sensación que me invadió al darme cuenta que nadie me prestaba mucha atención y mis balas, todas iban al aire.

Estaba en mi casa y muy contento por ver a mis tíos y primos. Quería jugar con ellos o conversar. En esa época aún no tenía noción de la frase "no es tu momento", por lo que no procesaba en mi mente que era el cumpleaños de mi hermano y toda la atención era para él y que además los grandes conversaban entre ellos.

Frustrado y acongojado subí a la azotea y llevé varios de mis juguetes conmigo para seleccionar a los compañeros de aventura porque estaba decidido: era momento de llegar a ese cerro! Tomé un palo de escoba y un polo de manga larga que podía amarrar al palo, al mejor estilo del Chavo del 8.

Recuerdo lo difícil que fue elegir los juguetes que cabían en el polo y cuales debía dejar ya que no había espacio para todos. Debo decir que los Thundercats tuvieron la participación más importante en esa selección. Además, como aprendí de la caja boba, toda huída viene con una nota de explicación.

Así que una vez seleccionados los juguetes, amarradas las mangas del polo al palo de escoba, bien asegurados los juguetes y después de caminar un par de vueltas a la azotea para verificar que los juguetes no se iban a caer, empecé a escribir mi nota de despedida.

Puse que me iba a viajar por el mundo y dentro de las cosas que "dejé en herencia" estaba mi Trupper Keeper con un Ferrari F40 en el diseño, el cual se lo dejaba a mi hermano, ya que no cabía en mi improvisado equipaje.

Recuerdo claramente la mala alineación de mi escrito en la nota. Es por eso que sé era el cumpleaños número 6 de mi hermano, porque a los cinco años recién estaba aprendiendo a escribir. Memoria por asociación, le llaman.

Salí super nervioso de la casa, procurando no hacer ruido al abrir la puerta para que no me descubran. El recorrido del largo de la quinta era lo que me separaba de la aventura.

Empecé a sentir miedo, el cuerpo me temblaba por dentro y algo me dijo que no cierre la puerta, sino que verifique primero a lo que me iba a enfrentar. Caminé hasta la vereda y miré al fondo de la avenida. Sabía que iba a tener que caminar mucho y a esa edad, pensé que me tomaría algunos días llegar a mi destino, así que empecé a pensar en qué iba a comer en el camino? Me moriré de hambre si no como? Podré pedir comida en el camino, tocando las puertas de las casas? Si me ven caminando solo, me llevarán a mi casa? Creo que voy a tener hambre, pensé. Y en ese momento me invadió una sensación de miedo, frío y hambre que casi me hace entrar en pánico y de inmediato regresé a mi casa de la manera más sigilosa, porque en ese momento supe que la estaba cagando, así que fui a buscar la nota que estaba sobre el Trupper Keeper, la arrugué, recuperé mi preciado Trupper y puse todo en su lugar, como si nada hubiera pasado. Después me uní a la reunión y me quedé pensando en todo lo que uno necesita para mandarse a la aventura...

A los 16 años ya vivía con mi ropa dentro de un maletín que nos dieron en el equipo de baseball cuando viajamos a Ecuador en 1994. El maletín estaba debajo de mi cama y yo sentía que debía estar preparado ya que en cualquier momento me decidía y me iba sabe Dios a dónde! Luego comprendí que eran impulsos emocionales extremos, los que me llevaban a tener esas ideas, de querer estar lejos de todo, al otro lado del mundo.

A los 17 años conseguí un trabajo como vendedor en una tienda de ropa deportiva en un centro comercial. En ese tiempo no era extrovertido con gente que recién conocía y de acuerdo a lo que el administrador me explicó, debía abordar a las personas que ingresaban a la tienda, saludarlos de manera cálida y empezar a vender. Entendía el sentido de la interacción, pero me aterraba la idea de romper el hielo. Decidí aprovechar el ejercicio para desahuevarme y perder el miedo de hablarle a gente desconocida.

Debe haber sido el kit de prejuicios que incluye el nacer en la sociedad peruana lo que me causaba dudas. Poco a poco fui ganando confianza y analizando los resultados de cada interacción. Mi objetivo era vender y vender lo que nosotros queríamos vender, aparte de lo que la gente iba a buscar.

Sin embargo, algo que nunca se vendió fue un maletín negro grande, viajero. Lo que más me gustaba era que era el único maletín de ese modelo que había llegado a Perú. Era el maletín perfecto para la fuga! En esa época costaba un poco menos del doble de lo que yo ganaba en un mes de trabajo a medio tiempo. Así que lo paseaba por la tienda diciéndole: tú te vas a ir conmigo. Aún no sé como, pero nos vamos a ir juntos!

A unas cuadras del centro comercial donde trabajaba había una zona de bares, donde el mismo día que me pagaban gastaba casi todo lo que ganaba, de fiesta con mis amigos. Luego iba a trabajar con dinero que le pedía a mi papá, lo cual carecía de sentido para mí, ya que uno no gana para pedir ayuda.

Aunque...quien puede con la juventud?

Tres años después de haber dejado el trabajo en esa tienda y ya trabajando en mi carrera, seguía pensando en ese maletín, así que llamé a los dueños de la tienda. Me dijeron que lo habían dejado a consignación en otra tienda y al parecer aún no lo habían vendido.

Finalmente con ese maletín dejé la casa de mis viejos a los veintitrés años y hasta el día de hoy sigue acompañándome. Aunque en este último viaje que empezó en febrero, me di cuenta de que algunos cierres estaban rotos y algunas costuras necesitaban ser reparadas.

También reflexioné sobre el tiempo que llevo fuera de casa, buscando emociones, aventuras y nuevas experiencias. En realidad toda mi vida ha sido así: explorar y descubrir cosas nuevas...aprender.

El yo que recuerdo no es el mismo yo de hoy. Hace poco me di cuenta que mis intereses cambiaron una vez más y lo que quiero ahora es un lugar al que pueda llamar hogar. Si sigo viajando, voy a estar a la deriva, buscando un hogar. La idea antigua con el nuevo interés me podrían llevar a un espiral de confusión y frustración.

Actitud es la manera como actuamos frente a distintas situaciones. Considero que vengo manejando una buena actitud los últimos años y finalmente, uno es lo que hace y además, uno termina por creer su propia historia (fake it 'til you make it).

A veces nos toca vivir tiempos pesados, de mucho aprendizaje. Felizmente, esa etapa está por acabar. Y de la misma manera en la que el cerro San Cristobal me inspiraba para alcanzarlo, muchos destinos cercanos a donde me encuentro empezaron a venir a mi cabeza. Las ganas de explorar nunca se irán de mí, es parte de mi esencia. Aunque esta vez, mirando a mi maletín y pensando en las cosas que necesito para ir de aventuras, me doy cuenta que estoy lejos de estar bien equipado y que no puedo continuar así.

Así que debo volver a empezar desde la posición más conveniente.

Traté de vivir solo y lejos. Estando lejos trepé cerros para tener las mejores vistas. En esos momentos de tranquilidad pude entender esa frase que repite mi viejo: "los problemas se resuelven donde se originan".  Entendí que por más lejos que fuera, por más lindo que sea el lugar o por más profundo que sea el paisaje, si no tenía claro de dónde venía y hacia dónde iba, siempre iba a estar perdido. Algunas sensaciones logran desorientar, ciertamente. Nos olvidamos de soñar y nos preocupamos por llegar a los siguientes quince días o algo por el estilo.

Hace poco pude volver a levantar la cabeza y recordar las cosas que mantienen vivo al fuego de mi alma y me di cuenta que estaba muy desorientado en función a lo que quiero y a lo que me conviene.

Tuve que analizar mi situación, mis últimos años y el quiebre que viene, en el que podré decidir seguir a la deriva o volver a casa.

Estoy muy agradecido con todas las personas que me recibieron en su hogar durante todo este tiempo. He dormido en el piso, en sleeping bags, sobre colchones inflables, en la calle, en hamacas y en muebles -estos últimos, mis favoritos; entre otros lugares más normales, como camas bien tendidas en cuartos de visita.

Hace poco, vi en el celular una frase que decía: "él recordó quién era y entonces el juego cambió". Y empecé a pensar en las que cosas me gustan, que me apasionan y en las cosas que me interesan ahora.

Finalmente me pude trazar objetivos estratégicos que marcan mi camino, una vez más. Me sentí feliz de saber que estaba volviendo en cierta forma, ahora que empezaba a desatar nudos importantes en mi vida.

Hubo tiempos en los que quise ser el monje más santo, el hippie más naturista/ecológico y así  exploré varias tendencias de las cuales pude rescatar lo que se siente bien para mí. Todas se sintieron muy bien al pensarlas, por eso me llamaron la atención y ahondé en ellas.

Luego, saqué mis propias conclusiones y puedo decir que sé cual es mi propósito hoy y también sé hacia donde me dirigen estos pasos.

Después de intentar trabajar mucho, últimamente prefiero trabajar poco, ya que mi prioridad es redescubrirme. El resto vendrá solo y el equilibrio volverá a mi vida.

Al mirar hacia atrás en estos últimos casi diez años explorando, puedo darme cuenta que hice más de lo que hubiera querido y aprendí más de lo necesario. Sin embargo, todo suma.

Me siento más que servido, así que ya complacido, a mi casa me retiro.

PS. Hace poco, antes de acostarme miré mi cama y algo me dijo: métete. Así que la destapé y me sentí seguro y abrigado. La respuesta siempre estuvo al frente tuyo, pensé, una vez más.


En Caleta Colorada. Un Paraíso Oculto.
Nuevo Chimbote, Ancash.

Tiempo de volver.
La calle está dura.





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